Primera Plana

  • Contramodernidades y Globalizaciones Paradójicas: La configuración de las sociedades periféricas de riesgo. Esbozos para reubicar lo político
  • Countermodernities and paradoxical Globalizations: The configuration of peripheral risk societies. Outlines to relocate the political
DOI: 10.5354/0718-0527.2005.14678

Resumen

Parte I del libro "El desaliento inesperado de la Modernidad. Molestias, Irritaciones y Frutos Amargos de la Sociedad del Riesgo", reimpreso especialmente para la Revista Mad.

Palabras Claves

Contramodernidad; Globalización; Sociedad del riesgo periférica; Política; Ciencia

Abstract

Part I of the book: "The unexpected disappointment of Modernity. Discomfort, irritations and bitter fruits of Risk Society," specially reprinted for this journal.

Keywords

Countermodernity; Globalization; Peripheral Risk Society; Politics; Science

Preámbulo a la Republicación de "El Desaliento Inesperado de la Modernidad" (2001)

 

Hace unos meses, cuando la revista del Magíster en Antropología y Desarrollo (Revista Mad) me pidió publicar por separado los cuatro capítulos del libro "El Desaliento Inesperado de la Modernidad", del año 2000-2001, me pareció extemporáneo reeditar un texto pasado, probablemente superado en el tiempo y plagado de posturas y opiniones con las que ciertamente ya no me identifico. El libro se escribió antes del atentado a la Torres Gemelas del 11 de septiembre, mucho antes del tristemente célebre 11-M español y cuando por aquél entonces la Guerra de Irak era sólo una hipótesis incierta. Por cierto la inexorabilidad del tiempo, la "differance" en la que profundizó Derridá y que hace que todo lo que podamos describir acerca del mundo sea irremediablemente extemporáneo, esa imposibilidad del lenguaje para alcanzar alguna simultaneidad con lo que describe - todo eso convierte a cualquier texto en potencialmente obsoleto. Tampoco "El desaliento" puede dejar de serlo.

 

No obstante, los textos se publicarán; más aún, he decidido no introducir ninguna modificación en los cuatro trabajos que MAD editará. Lo único que cambia son los títulos de los trabajos. Que los originales sean (o hayan sido) demasiado pretenciosos y hasta cacofónicos, sólo pone de manifiesto que la falta de madurez en la reflexión sociológica, en un autor a menudo se disfraza de arrogancia o de una exagerada autoestima. Si hoy abogo por más restricción metodológica y mucho más modestia en el diagnóstico sociológico, es decir, por menos histrionismo estéril (por seductor que resulte) y sin gritos de guerra, es también porque en mi insignificante "mundo de la vida" las "inseguridades fabricadas" (Giddens) convirtieron la mayor parte de las certezas de mi individualidad, en riesgo incalculable. Que la sociedad del riesgo no es sólo un fenómeno inexorable - como la diferenciación funcional de Luhmann o la asimetría entre fuerzas de producción y relaciones sociales de Marx - sino la articulación subrepticia de lo inesperado que penetra en la intimidad identitaria del Yo, sacudiéndolo a menudo sin su consentimiento, como en los sistemas expertos de Giddens, de eso podemos estar medianamente seguros.

 

Los que descubran propiedades "proféticas" en los textos que MAD publicará, se equivocan. Rememorando irónicamente "la cuaterna" de Heidegger, si hasta los dioses huyeron de la tierra horrorizados por lo que estamos haciendo con ella, ¿no son los "profetas" de hoy una cáfila de charlatanes y mentirosos?

 

Fernando Robles Salgado

Santiago, enero de 2005.

 


Contramodernidades y Globalizaciones Paradójicas

 

"La solución del problema de la vida

está en la desaparición de este problema"

Ludwig Wittgenstein

 

Tal como uno de los efectos indiscutibles de la globalización es el fin de los espacios cerrados y la permeabilidad de las fronteras entre los códigos culturales y las etnias, así también debiese ser entre las teorías que se producen en los ambientes sociológicos social y geográficamente distantes: ellas debieran dejar de circunscribirse a los ambientes reducidos donde fueron pensadas para poder ser rediseñadas y acomodadas a realidades particulares diferentes[1]. De allí la necesidad de realizar "movimientos exploratorios" desde teorías que en principio ha sido concebidas para las naciones industrializadas, para poder usarlas como instrumentos destinados a la comprensión de la contemporaneidad del capitalismo periférico moderno. En esta empresa, no se trata obviamente ni de buscar la comprensión total de dichos fenómenos, porque ello sería tarea de una metafísica social, que nada tiene que ver con la sociología, pero tampoco de sobreponer el modesto cuerpo teórico de la sociedad del riesgo a las sociedades periféricas modernas[2]. El núcleo motivador de estas empresas se puede resumir en dos razones, la primera es sociológica y la segunda personal: de un tiempo a esta parte, estamos interesados en "utilizar" empíricamente la teoría de la sociedad del riesgo en comunas y temas escogidos circunscritos a la realidad chilena, en particular en la bahía de Talcahuano[3], pero - esta es la razón personal - ni yo ni mis colegas que en esta tarea me acompañan, estamos interesados en convertirnos en epígonos de Ulrich Beck y sus colaboradores[4].

 

Por riesgo se entienden los posibles daños, que en el presente puedan ser anticipados y que resultan de una acción específica. Un riesgo es existente, cuando en el presente existe inseguridad respecto del futuro, porque éste no puede ser conocido ni anticipado[5], los riesgos son productos sociales de índole simbólica dotados de un referente en la sociedad, el que resulta de una observación[6]; los riesgos, por lo tanto, no se pueden "tocar", no son "cosas" que se puedan olfatear y degustar[7]. Este concepto, demasiado general de riesgo, ha tratado de ser precisado por la sociología desde tres perspectivas diferentes. La postura objetivista en la investigación de riesgos, cuyo principal exponente es Ulrich Beck, sostiene que la cuestión de su tratamiento se desprende de condiciones primeramente estructurales, mientras que la postura constructivista, representada por Mary Douglas, tematiza exclusivamente la construcción cultural de las semánticas de riesgo[8]. Por su parte, Niklas Luhmann sitúa los aspectos objetivos y la construcción social de los riesgos, en el horizonte de su teoría de la observación, desde la cual cualquier aseveración al respecto involucra el tema del observador. Un concepto de riesgo así concebido, como observación de segundo orden, no se interesa por la existencia "real" de los riesgos ni por la posibilidad de daños, sino por la probabilidad de que dichos daños aparezcan en el horizonte de decisiones de acción. Por ello, una sociología del riesgo tiene siempre presente el problema del procesamiento de la inseguridad en el contexto de decisiones contingentes[9].

 

Este trabajo aborda, en primer lugar, el tema del derrumbamiento de la racionalidad en la acción social y el fin de la naturaleza independiente de la sociedad como contextos para la aparición de las sociedades de riesgo. En un segundo momento, tematiza la tipología de las "sociedades de riesgo residual" y el rol de la ciencia y la política en sociedades de riesgo. En un tercer acápite, aborda la diversificación de las especies de peligros globales y locales en el horizonte de las sociedades periféricas del mundo globalizado.

 

I. El derrumbamiento de la racionalidad como principio de articulación de las sociedades de riesgo.

 

En su célebre prefacio a los artículos sobre sociología de religiones, Max Weber sostiene que una de las propiedades elementales del poder decisivo de nuestra vida moderna, el capitalismo, consiste en la racionalidad de su proceder. "El capitalismo puede identificarse justamente con el sometimiento de ese impulso irracional de afán de lucro ilimitado, o por lo menos con su contención racional. Capitalismo es idéntico a la búsqueda del beneficio, pero en una empresa capitalista, racional y continua; es búsqueda del beneficio siempre renovado, de la rentabilidad."[10] La organización racional de la empresa capitalista no habría sido posible sin otros dos elementos de desarrollo: la separación del hogar y la empresa como unidad de producción y la existencia de la contabilidad racional. Por otro lado, sólo la existencia de fuerza de trabajo formalmente libre y la confrontación entre gran empresario industrial y trabajador asalariado configuran la existencia de una lucha de clases tal como se conoce en el capitalismo. La racionalidad es la resultante (a) del desencadenamiento del mundo que desmorona las imágenes religiosas y las sustituye por cosmovisiones profanas y (b) de la instrumentalización de la ciencia y la tecnología al cálculo racional. El establecimiento del capitalismo y la racionalidad, arrastran consigo a todas las formas de vida y actividades pensables, la institucionalización de la actividad económica, la estructuración del aparato burocrático, la acción administrativa, la organización de las religiones, la sensibilidad estética, la organización de las fuerzas armadas, la configuración del arte y de la música y la interacción cotidiana. La mediación entre las instancias de interacción cotidiana y la organización racional burocrática del sistema de la sociedad corre por cuenta de las instituciones racionales, las que deben garantizar coherencia y continuidad[11].

 

Todo este inmenso edificio racional y burocrático se sustenta sobre la hegemonía de una forma particular y privilegiada de acción social, a la cual tanto la tradición como la cotidianeidad deben subordinarse y someterse; a esta forma necesariamente dominante de acción, la denomina Weber acción racional con arreglo a fines. "Por comportamiento racional con relación a fines ha de entenderse aquel que se orienta exclusivamente hacia medios representados (subjetivamente) como adecuados para fines aprehendidos de manera (subjetivamente) unívoca"[12]. Más explícitamente aún: "Actúa racionalmente con arreglo a fines quien oriente su acción por un fin, medios y consecuencias implicadas en ella y para lo cual sopese racionalmente los medios con los fines, los fines con las consecuencias implicadas y los diferentes fines posibles en sí; en todo caso, pues, quien no actúe ni afectivamente (emotivamente en particular) ni con arreglo a la tradición"[13]. Esta y no otra es la forma de acción social hegemónica sobre la cual se sustenta la racionalidad de la modernidad capitalista. La acción racional con relación a fines es el nexo indispensable entre racionalidad sistémica y racionalidad interaccional y posibilita la ejecución del cualquier ethos, tanto el del empresario como el del asalariado organizado y es el fundamento de cualquier planificación en el tiempo.

 

En las primeras páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels le confieren a la acción histórica de la burguesía sobre la sociedad un rol aún más fundamental que el que Weber le atribuye a la racionalización: "La burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación a vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la adaptación para el cultivo de continentes enteros, la apertura de los ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo de la tierra como por encanto. ¿Cuál de los siglos pasados pudo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo social?"[14] Este primer logro elemental de la burguesía, el desarrollo fabuloso de las fuerzas productivas, la supresión del fraccionamiento de los medios de producción, la aglomeración de la población en metrópolis, la centralización política, la consolidación "en una sola nación, bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera"[15], ha revolucionado la sociedad de tal manera que las antiguas ataduras del fraccionamiento feudal han desaparecido definitivamente. Por otra parte, "una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, un movimiento y una inseguridad constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones sociales estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado, y todos los hombres al fin se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas"[16] El segundo logro burgués ha consistido en liberar la capacidad y el impulso humanos para el cambio permanente. Ya que la burguesía "no puede existir sin revolucionar constantemente los medios de producción, y por consiguiente las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales"[17], este producto innovador debe ser dinamizado de tal manera que todo se convierte en inestable e inseguro, la desintegración opera como una fuerza movilizadora e integradora, la estabilidad sólo puede significar entropía, señala Marshall Berman, en tanto que nuestro sentido del progreso y el crecimiento es nuestro único medio para saber con seguridad que estamos vivos. Decir que nuestra sociedad se está desintegrando sólo quiere decir que está viva y goza de buena salud.[18]

 

El problema de la revolución burguesa consiste, así Marx, no tanto en los resultados inmediatos de mercantilización del mundo sino que en sus efectos a largo plazo: su lógica se traduce en que en medio del imperativo de revolucionar constantemente los medios de producción, destruye las posibilidades humanas que crea. Engendra la semilla de su destrucción no tan sólo dando origen a una nueva clase, el proletariado, sino que todo lo sólido, desde los productos de la industrialización, los hombres y las mujeres que manejan las máquinas, las casas y los barrios donde viven los trabajadores, las empresas que explotan a los trabajadores, los pueblos y las ciudades, las regiones, etc., todo está hecho para ser destruido mañana, pulverizado y disuelto, para poder ser reciclado o reemplazado por otra cosa, para que todo el proceso pueda comenzar una y otra vez, en formas cada vez más rentables. Aquello que comenzó siendo una revolución que libera se convierte en algo completamente incontrolable, la sociedad burguesa moderna se asemeja, así Marx, al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros. La lógica de la revolución capitalista se vuelve contra sí misma, es la víctima de sus propios éxitos. Lo que permanece es el desarrollo sostenido de las fuerzas de producción, a cuyo desarrollo deben corresponder relaciones sociales que supriman la contradicción elemental entre productos socialmente originados y apropiación privada, la revolución de los explotados atraviesa por expropiar a los explotadores hasta alcanzar el comunismo, la última fase de la modernidad.

 

Weber y Marx, los pensadores más importantes de la sociedad capitalista, tienen razón y al mismo tiempo se equivocan. El diagnóstico de Weber que indica que por encima de las transformaciones en las relaciones de propiedad, la racionalización y su consecuente burocratización del mundo, convierte a las sociedades - independientemente de su carácter capitalista o socialista - en "jaulas de hierro de la obediencia", es correcta pero demasiado pesimista, su postura es presa de la propia racionalidad que diagnostica porque excluye la posibilidad de que la propia racionalidad con arreglo a fines pueda desdoblarse y volverse contra sí misma. A su vez, el análisis de Marx siendo correctamente pesimista en lo que dice relación a lo existente, es demasiado optimista al confiar en las propiedades emancipadoras de la clase obrera para liberar a la humanidad haciendo descender el cielo a la tierra y liberando el desarrollo de las fuerzas productivas. El pánico bursátil que Weber residualiza como una expresión de irracionalidad y que relega a los confines de la inexplicabilidad mediante su sociología de la comprensión, se ha convertido, a fines del siglo XX, en lo habitual del funcionamiento de la economía capitalista: la racionalidad con arreglo a fines se ha vuelto loca, los fines se han convertido en medios, las consecuencias implicadas en los fines se han tornado imprevisibles, se hace imposible sopesar (racionalmente) entre medios y fines porque ambos se confunden, lo que hoy es un medio puede redundar en un fin que sencillamente no conocemos.

 

Por otro lado, la indiscutible admiración que profesara Marx por el "sometimiento de las fuerzas de la naturaleza" ha hecho que la naturaleza haya dejado definitivamente de existir como categoría independiente de la sociedad y que las inseguridades de las que Marx habló continúen siendo el trabajo, la remuneración y el poder, pero que sin embargo a ello se sumen precisamente los resultados que la propia sociedad ha desencadenado en la naturaleza; el "empleo de las máquinas" ha generado una contaminación hasta hace poco insospechada en el aire, la destrucción de la capa del ozono, la lluvia ácida y el efecto invernadero; la "aplicación de la química a la industria y a la agricultura" ha terminado por convertir la composición del menú cotidiano en una lotería para contraer alergias; la "navegación a vapor" ha hecho posible que cada año un puñado de barcos- tanques de petróleo naufraguen y pongan paulatinamente fin a la vida en los mares, la "adaptación para el cultivo de continentes enteros" ha significado erosión, monocultivos, y por último, si Marx anuncia que "poblaciones enteras" surgen de la tierra como por encanto, hoy habría que invertir dicha aseveración: el calentamiento del planeta ha significado una expansión insospechada del desierto[19]. El científico Dennis Medows indica que en el año 2012 la crisis mundial de recursos energéticos y la escasez de agua en el planeta hará que dichos problemas dejen de ser competencia de la ciencia para ser un tema fundamental de la política: un elemento de la lucha de clases del tercer milenio.[20]

 

La vida en la modernidad se ha convertido en ambivalente, "ser modernos - señala Berman - es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y el mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos"[21]. La modernidad ha pasado a ser el correlato superestructural de la modernización, y la modernización está infectada por el dogma del progreso: esta gavilla de procesos concatenados e interdependientes que se cobijan bajo el vocablo modernización son desencantamientos reencantados, conceptos profanos dotados de cientificidad que se han convertido en sacrales, en intocables: entre otros, el crecimiento económico, la formación de capital y la movilización de recursos, el desarrollo de las fuerzas productivas, el incremento en la productividad del trabajo, la implantación de poderes políticos nacionales, la secularización de los valores y de las normas[22]. ¿Qué sucede cuando la lógica elemental de la modernidad capitalista, la acción racional con arreglo a fines, se ha desdoblado volviéndose definitivamente contra sí misma? ¿Qué terrenos se invaden cuando la razón que sostiene la existencia del crecimiento y del desarrollo se ha agotado definitivamente? ¿No es que en las tres últimas décadas se ha ido gestando una nueva sociedad sin que nos hayamos percatado? Esta sociedad sería lo que Ulrich Beck y otros han denominado la sociedad del riesgo.

 

El problema elemental de identificación de la sociedad de riesgo está contenido en la naturaleza de su configuración y en las posibilidades para su problematización que desde la sociología existen: el cambio social y la transición entre modelos de sociedades cualitativamente diferentes ha sido tematizado desde siempre como un quiebre o una ruptura manifiesta, como una fisura, un corte, una escisión entre el pasado y las estructuras emergentes, este es un aspecto que une a funcionalistas, marxistas y weberianos[23]. Esto no tiene por qué ocurrir, la nueva sociedad no siempre nace del dolor, no es la creciente pobreza sino también la riqueza creciente, la desaparición de los rivales (como en el conflicto este-oeste) lo que puede producir un cambio axial en los tipos de problemas, en la cualidad de lo político y en la estructura social. En el caso de la sociedad de riesgo, se ha conformado una nueva sociedad sin quiebre ni revolución.[24]

 

II. El fin de la naturaleza y la dominación de los efectos colaterales. De las "sociedades del riesgo residual" a las sociedades de riesgo.

 

El principio axial de las sociedades del riesgo son los peligros generados por la civilización moderna[25], los cuales ya no pueden ser ni temporal, espacial o socialmente delimitados, de tal forma que los fundamentos de la sociedad industrial (las instituciones elementales tales como el estado nacional, los procesos fundamentales como los antagonismos de clase, las visiones del control y de la racionalidad técnico-económicas y sobre todo la independencia entre la tecnología y la política) son socavados, superados o eludidos sistemáticamente. La expansión generalizada, localizada y globalizada de los riesgos configura el advenimiento de una segunda modernidad, de la modernidad del riesgo, en la cual no solamente es posible abrir la posibilidad para que las sociedades se conviertan a sí mismas en problemáticas y organicen su auto-observación sosteniendo que los problemas que sufren son provocados por ellas mismas[26] - un aspecto fundamental de la llamada modernidad reflexiva - sino que además amenaza con echar por la borda las visiones duales del mundo propias de las representaciones colectivas de la sociedad industrial, que postulan la existencia de una naturaleza "exterior" (causante de riesgos externos), separada de la sociedad y que configuraría las amenazas que afronta la sociedad contemporánea - el problema es que la naturaleza exterior y la inculpación "interior" son a su vez las resultantes de observaciones. La modernidad del riesgo indicaría justamente que los efectos de una naturaleza independiente de la actividad de las sociedades, son en realidad inexistentes: no hay consecuencias ni efectos que no involucren a la sociedad y donde la organización de las sociedades no juegue un rol decisivo. Las llamadas catástrofes naturales así como los efectos de situaciones de riesgos imprevisibles, operan en la sociedad porque ella es interactiva con la naturaleza y debido a la intensificación insospechada de dicha interdependencia en las últimas décadas[27]. Esto, sin embargo, no significa que la sociedad así como tampoco ninguno de sus sistemas de función, puedan establecer comunicación con el sistema ecológico: el sistema ecológico irrita a la sociedad, introduce complejidad en los sistemas sociales, pone en marcha especializaciones en la comunicación, como la comunicación ecológica, de lo que resulta que la sociedad, en el sentido más amplio, pueda sólo amenazarse a sí misma[28].

 

Marx conceptualizó la relación entre los seres humanos y la naturaleza como una forma particular de metabolismo, donde la transformación de la naturaleza mediada por la acción de las fuerzas de producción modifican la naturaleza, transforman al ser humano y a sí mismo en sus relaciones con sus semejantes: este genial concepto de trabajo ha sido trastocado por el desarrollo mismo de la producción capitalista: en lugar de un cambio metabólico, hoy estamos frente a una verdadera simbiosis entre naturaleza y sociedad, en la medida en que al no existir prácticamente rincón alguno de la naturaleza que no haya sido socializado por la acción de la sociedad, la acción de una naturaleza independiente de la sociedad, se ha convertido en una quimera naturalista, de la cual es presa sobre el movimiento ecologista en su expresión conservacionista; al revés, la naturaleza se ha incorporado de tal manera al movimiento de las sociedades, que cada vez que se ejecuta algo en la sociedad irremediablemente se efectúa incorporando a la naturaleza, sin que dichos efectos puedan ser comunicados. Esto no es valido sólo en el ámbito de la organización del trabajo, sino constatable también en el terreno de la acción familiar, en la vida cotidiana y en la sexualidad y la configuración de la reproducción biológica de la especie humana: tanto la fertilización in vitro, como las posibilidades hoy ya existentes de manipular considerablemente la constitución del código genético, significa que la acción de la ciencia y la sociedad ha penetrado en los ámbitos más recónditos de la naturaleza[29]. Niklas Luhmann agrega que la sugerida interpenetración entre sociedad y naturaleza, entendida esta última como el entorno ecológico, no significa que en medio de esta simbiosis de interdependencia, la sociedad esté en condiciones de reaccionar oportunamente frente a las amenazas que provienen de dicho entorno. Todo lo contrario, la sociedad detecta las crisis ecológicas como ruido pero no necesariamente en calidad de resonancia que pueda dar lugar a formas de comunicación que fuercen una autoconfrontación reflexiva. Este extrañamiento se refiere a la imposibilidad de los sistemas para operar fuera de sus límites y a la ilusión de un entorno reflexivamente penetrable - esta distinción es de la mayor importancia, porque delimita, a su vez, las posibilidades de las sociedades para observar el entorno, estas posibilidades pertenecen al sistema, y en el entorno sencillamente son inexistentes, opacas o imposibles de definir con claridad. De allí que el entorno ecológico, para ser tematizado, necesite de observaciones de "segundo orden" como la ecología y la teoría de la sociedad del riesgo[30], para que la sociedad pueda autoamenazarse.

 

Por eso es que una de las propiedades fundamentales de esta nueva fase de desarrollo abierta en esta "modernización no planeada de la modernización" es que los riesgos que amenazan a las sociedades no sean tan solo los productos imperceptibles e involuntarios de sus propias actividades, sino que dichas transformaciones se desplacen con la fuerza de los "efectos colaterales" de decisiones a favor de la modernización de las sociedades. Mientras más decisiones, más riesgos. Dichos efectos colaterales son codificados como "ignorancias", "inseguridades", "temores" e "involuntariedades" en las biografías de los actores sociales. Anthony Giddens y Ulrich Beck han caracterizado este fenómeno como la hegemonía de las "inseguridades manufacturadas"[31]. Los efectos colaterales son resultados involuntarios que no han sido planificados en los proyectos de modernización, son la expresión práctica y materializada de los "productos negativos" de la modernidad, los cuales de desdoblan inesperadamente, rompen con la latencia de su configuración e irrumpen en la sociedad sin atravesar directamente a las instituciones, sino que desembocan directamente en los individuos.

 

No solamente se trata de que cada día se le tema menos a las catástrofes desde la naturaleza sino justamente a lo que los propios seres humanos han hecho de ella, sino que además los esfuerzos institucionales (a veces inspirados por las "mejores intenciones") encaminados a aminorar y mantener a raya dichas inseguridades no sólo no las controlan, sino que dichos "esfuerzos" de control generan aún mas riesgos.[32] Esta es una situación altamente paradójica, porque habitualmente, en la lógica de la racionalidad lineal de la modernidad, la reglamentación y el control burocrático debieran mantener a los riesgos bajo vigilancia y reconocimiento para evitarlos: esto no es así, porque el control burocrático de los riesgos genera sólo la ilusión de la controlabilidad, alimentando una concepción tecnocrática del control de los mismos, como si la ejecución de la técnica no estuviese preñada de cargas valóricas que minimizan y ocultan la naturaleza de los riesgos y les otorgan el certificado de inocencia y/o exculpación. Aún más: la expansión de los riesgos va acompañada de una transfiguración de los actores, del enmascaramiento de los roles y de una confusión de los causantes de los riesgos y sus víctimas, proceso que auxiliado por el rol de la ciencia y de la técnica, generaliza la imposibilidad de identificación de los causantes. A este fenómeno lo ha denominado Ulrich Beck la dominación de la irresponsabilidad organizada[33].

 

La sociedades premodernas y modernas, que preceden y le dan vida a la sociedad del riesgo, auxiliadas por el conocimiento las ciencias exactas, probablemente hasta mediados de la década del 50, en la medida en que en la práctica nadie pone en cuestión la lógica elemental de la racionalidad del desarrollo de la modernidad industrial, habían podido postular la controlabilidad de los riesgos, remitiéndose al cálculo racional y cuantitativo de las probabilidades: este modelo de sociedad podría denominarse "sociedades del riesgo residual y calculable", y supone que dichos riesgos permanecían dotados de una procedencia externa a la actividad humana. En las naciones altamente industrializadas se expande, sincrónicamente con la estabilización de la forma moderna de vida del capitalismo, la asegurabilidad contra los riesgos y lo que F. Ewald ha definido como "el estado de previsión"[34].

 

Tipificación de riesgos y peligros según el tipo y modelo de sociedad[35]

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En el despliegue de la sociedad del riesgo hay que distinguir por lo menos dos fases de desarrollo: una primera en la que las autoamenazas producidas por la propia sociedad y que remueven la estructura de clases y las relaciones de poder entre los grupos sociales, influye decisivamente sobre las sociedades, sin que dichos temas ocupen el lugar que debieran en los horizontes temáticos de la discusión pública y política - la sociedad vive convencida de que la controlabilidad de los riesgos es un tabú y al mismo tiempo un hecho indiscutible: esta es la particularidad de las "sociedades del riesgo residual".

 

Una situación completamente distinta se inaugura cuando los peligros, las autoamenazas y los riesgos son objeto de debates públicos y alcanzan a influenciar las escenificaciones mass mediales, las instituciones de la sociedad se convierten en problemáticas, se comprueba la omnipotencia del sujeto, no alcanza ni siquiera para percibir las transformaciones del entorno ecológico fuera del sistema de la sociedad y se deja irritar por sus efectos: mientras las elites, las instituciones oficiales de la política, los partidos, los estados y los gobiernos siguen atados a las pautas de la sociedad anterior, los efectos colaterales de la modernidad sobrepasan las bien intencionadas decisiones para controlarlos y convierten a las instituciones en obsoletas y a sus discursos en retóricas de la ignorancia[36]. Sería absurdo y equivocado caer aquí en el prejuicio lineal y de inspiración evolucionista que indicaría que esta segunda fase de la sociedad del riesgo es un fenómeno exclusivo de los países desarrollados mientras que la periferia, sobre todo debido a que en dichas sociedades el desencantamiento del mundo aún no se ha operado con el efecto de secularización que debiera, se debate entre la creencia en la residualidad de sus propios riesgos y la inconsciencia. La sociedad del riesgo es un fenómeno global y los riesgos son las divisas negativas de la internacionalizacón de los mercados y del fin de los espacios cerrados[37]. Al mismo tiempo, la sociedad del riesgo residual es la antesala a la sociedad del riesgo pero también se solapa con ella. No existen, por lo tanto, pasos mecánicos de una hacia la otra o viceversa, todas las sociedades del riesgo conservan elementos fundamentales de la sociedad del riesgo residual, tal como la sociedad del riesgo residual engendra los contornos de la sociedad del riesgo. Esto es extremadamente importante, porque a menudo en esta diferenciación se insinúa que las sociedades de riesgos residuales desembocan obligada e irreversiblemente en sociedades de riesgo. Además, muchas sociedades de la periferia globalizada, tienen la apariencia de sociedades del riesgo residuales, pero son sociedades de riesgo donde la localización de los riesgos producto de la pobreza dominan e impiden la percepción de los riesgos globalizados y además donde la jerarquía de la percepción de los riesgos es distinta a la de las sociedades del centro capitalista[38].

 

Tipología de la "sociedad del riesgo residual" y de la sociedad del riesgo

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En las sociedades de riesgo, el motor del cambio social ya no es la racionalidad con arreglo a fines sino que los efectos colaterales que de pronto explotan inesperadamente, sin que nadie los llame, los nombre o los quiera: los riesgos, los peligros, la presión de la individuación, las trampas y amenazas de la globalización, porque la lógica de la racionalidad con relación a fines se ha vuelto contra sí misma. Entonces, aquello que no se ve, lo que no se refleja por ningún lado, lo imperceptible, lo subrepticio, la vida clandestina de las sociedades que no podemos leer en los periódicos, se acumula como un quiebre estructural que separa a la modernidad industrial de otras modernidades. Exactamente de aquí resultan las cuestiones que deben ser abordadas por una sociología que pretenda ser un diagnóstico práctico de la contemporaneidad:

 

¿Que sucede cuando los mecanismos de calculabilidad y asegurabilidad de riesgos fracasan?, ¿cuales son los efectos que para los actores sociales resultan del hecho de que los dispositivos de alarma para los riegos no funcionen, sencillamente porque la sociedad capitalista de clases no dispone de dichos mecanismos?, ¿cuales son las consecuencias de la imposibilidad, para las sociedades y los individuos, de asegurarse "debidamente" contra los riesgos?, ¿que terreno se invade cuando las biografías de los actores sociales sobrepasan la posibilidad de los seguros y se encuentran desprotegidos en el caso imprevisible de siniestro?

 

Los riesgos son una especie de divisas negativas involuntarias, son negativos de utopías, visiones opacas que resultan de funciones latentes de la sociedad; estas funciones se niegan a ser observadas, con ellas no es posible establecer comunicación. Nadie las desea ni acepta pero están en todo lugar presentes y virulentas, contra todos los intentos exitosos de reprimirlas y mantenerlas ocultas. Lo característico de la sociedad del riesgo es esa metamorfosis radical del peligro, difícil de delimitar y de controlar: de pronto como desde mediados de 1998, los mercados se derrumban, domina la escasez en medio de la abundancia. Los sistemas del derecho no abarcan los estados de las cosas. La atención médica cuidadosamente planificada en los países desarrollados fracasa. Los edificios racionales de la ciencia se derrumban. Los gobiernos tambalean. Escapan los votantes indecisos, el partido ganador en las elecciones es la abstención, un 42% de los votantes en Chile el 11 de diciembre de 1997[39]. Los estados se consternan. Las reglas cotidianas de vida son puestas de cabeza. Las empresas y los mercados al otro lado del planeta tiemblan o se derrumban, todo el mundo habla de la fiebre amarilla o crisis asiática. Casi todos están entregados si tener mucho que decir, a la amenaza de la segunda-naturaleza industrializada, que hoy se disfraza con la retórica de la globalización.

 

Los peligros se convierten en los polizones del curso normal del mundo. Viajan con el viento, con el agua, están metidos en todo y en todas partes y se deslizan con lo necesario para la vida - el aire para respirar, el alimento, el vestido, el mobiliario - incluso por las zonas de protección más estrictamente controladas de la modernidad. Incluso son y continúan siendo esencialmente dependientes del conocimiento e insertos en las alarmas - o las tolerancias - de las percepciones culturales. Este "Y" complejo, que contradice el pensamiento dicotómico del esto o lo otro, constituye la dinámica cultural y política de la sociedad del riesgo y la hace tan difícil de comprender, porque la sociedad del riesgo no es una opción que podamos aceptar o repeler, está sencillamente ahí, con toda la fuerza latente e imperceptible de los efectos colaterales latentes que explotan sin que existan alarmas que anuncien el siniestro.  Esta no es la época de las dicotomías voluntarias, sino la de las agregaciones, elementos y fenómenos de los cuales a veces hemos oído hablar, pero nunca los hemos podido conocer en persona, aunque los sentimos a diario entrometiéndose en nuestra vida cotidiana, sin que nadie los haya llamado.

 

Paradójicamente, una vez pasados los períodos de alarma y crisis, sucede regularmente una época de paulatina normalización, de rutinización del riesgo y de proyección del riesgo en calidad de peligro externo y lejano. La autoamenzaza de la sociedad se puede trastocar en exteriorización, con lo que las visiones y construcciones simbólicas de controlabilidad de las sociedades contemporáneas, ganan nuevamente relevancia y popularidad. La sociedad se reencuentra con su normalidad. Esta tolerancia de las sociedades respecto de las amenazas y autoamenazas, abarcan los más amplios y diversos ámbitos de la vida social, desde la composición de los alimentos (orgánicos y/o transgénicos), hasta la regulación de la descendencia (natural o "in vitro")[40].

 

Una sociedad que se percibe a sí misma como sociedad del riesgo, abre la posibilidad de convertirse en reflexiva, esto quiere decir que los fundamentos de su actividad y sus metas se convierten en objeto de controversias públicas[41]. Muchos sociólogos y teorías de la sociedad (incluyendo la de Foucault y la de la Escuela de Francfort de Horkmeimer y Adorno[42]) dibujan una imagen de la sociedad moderna como una prisión tecnocrática de instituciones burocráticas gobernada por el conocimiento de los expertos. En consecuencia, todos seríamos por igual tornillos y válvulas en una mega-máquina gigante de racionalidad técnica y burocrática. La imagen de la modernidad que dibuja la teoría de la sociedad del riesgo se encuentra en fuerte oposición a dichas concepciones. Pues una de las propiedades descollantes del concepto del riesgo, hasta ahora poco comprendida, es que abre relaciones aparentemente estabilizadas y consideradas como evidentes, haciéndolas participar, por ejemplo, del baile de la globalización, y en tal sentido es mucho más cercana al pensamiento de Marx de lo que pudiera pensarse. Diversamente a otras teorías de las sociedades modernas, la teoría de la sociedad del riesgo desarrolla un cuadro en el que las relaciones de la modernidad se piensan y desarrollan como contingentes, ambivalentes y (involuntariamente) políticamente modelables y es una alternativa tanto a la llamada teoría de la postmodernidad así como al enfoque sistémico de los riesgos que desarrolla Niklas Luhmann[43]. Sin embargo, aquí sostenemos que entre la sociología constructivista del riesgo que Luhmann desarrolla y la obra de Beck, existen más puntos de convergencia que discrepancias, en particular en las formas de ambas direcciones de reflexión, para aproximarse a fenómenos particulares de riesgo. Esto no significa que sea necesaria una exégesis detallada de ambos para elucidar sus acoplamientos y desacoplamientos.

 

III. La transformación del estatus de la ciencia. ¿Cómo se articula la política en las sociedades de riesgo?

 

Los riesgos, que son el resultado imprevisto del desarrollo de las fuerzas productivas, se diferencian fundamentalmente de la gestación del valor y la riqueza, los daños que los riesgos causan son a veces irreversibles y se sustentan sobre interpretaciones causales controvertidas, en las que interviene decisivamente el conocimiento científico ampliándolos, reduciéndolos o minimizándolos, pero también valoraciones subjetivas implícitas, sobre todo en la ciencia. Con ello, los medios y las posturas de definición respecto de los riesgos se convierten en un asunto político de primera importancia y la ciencia (sobre todo la ingeniería y las ciencias exactas) deja definitivamente de jugar el rol neutral que siempre ha pretendido asumir. El rol de la ciencia es paradójico y confuso en sociedades de riesgo: sus resultados pueden conducir tanto a una minimización perceptiva de riesgos evidentes tipificándolos como "residuales" o "naturales porque son el precio del progreso", como a la posibilidad de hacerlos perceptibles como resonancia comunicacional en los sistemas sociales.[44] El desdoblamiento de la ciencia en posibilidad de conocer, por un lado, y la inevitable necesidad de reconocerse portadora del no-saber, por el otro, se manifiesta transparentemente en la inversión de la lógica de la investigación científica: para poder testear si (y como) funcionan reactores nucleares o niños de retorta es inminente salir de la jaula de vidrio del laboratorio aislado para que los reactores operen y los niños nazcan, con lo cual no solamente los ejecutores de la actividad científica invierten el orden de prelación entre hipótesis y testeo de laboratorio (lógica de la ciencia- Popper), sino su consecuencia inminente es que la sociedad se transforma en un gran laboratorio y los actores sociales en los conejillos de Indias[45].

 

Con la distribución - igualadora pero simultáneamente desigual - de los riesgos se generan situaciones de peligro social, las que sin duda son situaciones que tienen como referente a clases sociales, pero que imponen una lógica de distribución diferente: los riesgos que son el producto de decisiones a favor de la modernización afectan tarde o temprano también a quienes los producen u obtienen beneficios con ellos; este efecto bumerang es el que remueve el esquema de clases. Los riesgos reestructuran las desigualdades entre las naciones, reformulan el concepto exclusivamente geográfico del Tercer Mundo, porque estas desigualdades en la distribución de los riesgos sobrepasan las fronteras de los estados y sacuden el tejido de competencias del estado nacional. La sociedad del riesgo es un fenómeno transnacional y supranacional[46] Tal como la supervivencia del bosque europeo depende de tratados internacionales que escapan a las competencias del estado nación, así también la universalidad del tráfico de substancias tóxicas escapa a las posibilidades de control y regulación del estado; una vez más, los riesgos no respetan fronteras, las explosiones nucleares en Muroroa afectan en forma de riesgos al menos a toda la costa del Pacífico Sur y la depredación del Amazonas y de los bosques indonesios se vinculan causalmente al calentamiento del planeta. A su vez, la crisis asiática ha hecho que en la VIII Región de Chile la desocupación haya aumentado de un 6% a un 10%. El aparato del estado es desbancado de su función hegemónica en las sociedades contemporáneas, sus decisiones son sobrepasadas y llevadas al absurdo en medio de la lógica de la distribución de los riegos: el estado puede prohibir distribución de pornografías en su territorio jurisdiccional, pero quien se conecte a Internet puede evadir dicha prohibición. El estado alemán puede programar la desactivación de todos sus reactores nucleares y crear la ilusión de la seguridad planificada en los parlamentos y en la burocracias, pero ¿quién, en su sano juicio, podría decir que los alemanes viven más seguros mientras en Francia, Polonia y Eslovaquia, funcionen reactores que puedan colapsar, y el aire contaminado atraviese las fronteras sin preguntarle a ninguna de las burocracias nacionales?

 

Luhmann señala que la autoreferencialidad del sistema de la economía es un hecho indiscutible a fines del siglo XX[47]. El escenario de los riesgos económicos de la contemporaneidad son las bolsas de New York, Londres, Francfort y Tokio y los podemos leer en índices como el Dow Jones, el Nikkei, el Dax y otros, los riesgos de la economía mundial han dejado de ser principalmente la empresa o la unidad productiva, son un barril sin fondo que se ha desacoplado definitivamente de la satisfacción de necesidades humanas, esta lógica no rompe la lógica del desarrollo capitalista, pero hace que ella se vuelva delirante, y que su desenvolvimiento sea completamente imprevisible. Hasta 1997, los analistas económicos, Raph Acampora a la cabeza, pronosticaron un alza en 10.000 puntos en el Dow Jones para 1998, "respuesta racional a datos fundamentales como nunca positivos"[48]. Y las sucesivas crisis económicas desde entones han convertido a los economistas en los charlatanes de la modernidad del riesgo.

 

Desde Marx sabemos que es el ser el que determina la conciencia y no al revés[49]. La lógica de la sociedad del riesgo es el complemento de la tesis 11 sobre Feuerbach: en las situaciones de peligro que resultan de los riesgos, la conciencia determina al ser, porque el saber adquiere un nuevo significado político. El saber de los riesgos es un potencial político inmenso: lo que hasta el momento había sido considerado apolítico se politiza. Por ejemplo, el tema acerca de las causas últimas de la modernización de las sociedades, esta apertura de temas hacia lo político atraviesa por desacralizar una lógica de desarrollo que hasta ahora ha sido ciega respecto de sus propios efectos colaterales y sorda respecto de los riesgos que crea, desarrolla y acumula. Esto sucede cuando temas como la localización de industrias, la construcción de centrales hidroeléctricas, termoeléctricas o nucleares, cuando las decisiones sobre la ubicación de vertederos, cuando las decisiones del management de las empresas, cuando todos estos temas son problematizados públicamente, son objeto de disputas públicas y en el momento que la percepción del peligro que ha pasado desapercibido en las instituciones tradicionales y convencionales de la política, lo sienten los sujetos sociales en sus propias vidas cotidianas y en sus cuerpos. Las explosiones de los riesgos son las alergias masificadas y crónicas, la masificación de las enfermedades broncopulmonares, el cáncer al hígado o la vejiga. Los sociólogos nos maravillamos de leer que tal o cual movimiento político se ha decidido por el camino extraparlamentario y como cientistas sociales que algo sabemos de insurrección y de leninismo, argumentamos la conveniencia de la combinación de todas las formas de lucha como fundamento de una táctica política exitosa, mientras delante de nuestras narices tenemos al movimiento revolucionario extraparlamentario más grande que la historia haya conocido: el capital bursátil y financiero globalizado. Esta es la subpolítica de los grandes consorcios que guiados por la ideología globalista del neoliberalismo, se empeñan por todos los medios por hacer realidad la utopía que una vez formulara Engels: llevar al Estado al museo de antigüedades junto a la rueca y el telar.[50]

 

Los parlamentos, los gobiernos y los estados (y aún ni siquiera siempre) se han convertido en agentes contemplativos de movimientos de capital, de decisiones de inversión, de translaciones en los lugares de producción respecto de las cuales por lo general se enteran por los periódicos[51]. En 1996, F. H. Cardoso ha graficado esta situación de la siguiente manera: "Si la movilidad de los flujos de capitales por las fronteras puede ser vista como una manera de destinar efectivamente los recursos por todo el mundo y de encaminarlos a los países en desarrollo, su volatilidad y su posible uso para ataques especulativos contra divisas pueden representar amenazas a la estabilidad económica de los países. En otras palabras: el movimiento, virtualmente libre, de grandes flujos de capital crea tanto oportunidades como riesgos"[52]. El 17 de Octubre de 1998, las agencias internacionales informan que en el espacio de una semana, Brasil perdió 1.800 millones de dólares como resultado del estallido de la crisis asiática, efectos exacerbados por la crisis financiera en Rusia y su extensión a la mayor parte de los mercados.[53] Los riesgos "vencieron" a las oportunidades.

 

Muchos riesgos no se agotan en consecuencias y daños que hayan tenido lugar, sino que contienen un componente que se desencadena en el futuro; estrictamente hablando, los riesgos son la expresión práctica y multifacética de los dispositivos de autodestrucción de la sociedad moderna, los riesgos se refieren a un futuro que no tiene el carácter de un karma, sino a un futuro que puede ser, a su vez, el resultado de que se formule - y se responda - a la pregunta fundamental acerca de cómo queremos vivir, lo cual evidentemente implica una desacralización de la democracia tal como hoy se conoce y se practica. El cuerpo conceptual de las democracias occidentales pero también las que existen en América Latina (derivado de Rousseau, Locke y Tocqueville, menos en Kant) - en particular en lo que respecta al concepto de soberanía popular y al de la representabilidad - dan por descontado que esta pregunta ya ha sido respondida, lo cual no es en absoluto así. Las democracias se sustentan sobre el mito de la superación y del progreso, han hecho del procedimiento el mecanismo de legitimación por excelencia, se han convertido en prisioneras de sus propios a priori, de sus propias evidencias, las que han convertido en mitos. La teoría de la sociedad del riesgo sostiene que tal como las decisiones de la subpolítica extraparlamentaria del capital globalizado revolucionan la democracia sobrepasándola, y convierte a los estados en superfluos, lo que corresponde es articular una subpolítica desde abajo, que radicalice la democracia, negando el mito que vilipendia la democracia directa y mistifica la representatividad de las burocracias, las cuales continúan siendo prisioneras de la racionalidad lineal de un proyecto de modernización ciego y sordo respecto de los efectos colaterales latentes.

 

En contraposición a la producción y a la distribución de la riqueza y de los bienes, los riesgos, que se articulan o observan como tales, tienen algo de irreal: son reales e irreales, significan que lo material, que se ha disipado en el aire, vuelve a ser material de una manera diferente; esto, que dice relación directa con una de las propiedades elementales de la dialéctica de la naturaleza, que desde que fuera una vez formulada por Engels ha sido calificada injustamente de mecanicista[54], significa que el retorno materializado de los resultados prácticos de las decisiones a favor de la modernidad lineal y orientada hacia el crecimiento económico, no atraviesa por las instituciones de la política como el estado, los parlamentos y los partidos, pero tampoco pasa necesariamente por la estructura y los significados comunes de clase, sino que desembocan donde menos se espera, en las biografías individuales de los actores sociales. De la particularidad de este fenómeno se deriva uno de los conceptos elementales de la sociedad del riesgo: en la medida en que los actores sociales se ven presionados a remendar sus biografías en medio de "inseguridades manufacturadas" no por ellos sino que por otros, en medio de certezas imprecisas que provienen de una ciencia que ha hecho de la equivocación la regla, son empujados a construir su futuro debiendo prescindir de los ambientes de confianza de la sociedad industrial del llamado riesgo residual.

 

Que el centro de la conciencia de riesgo no sea el presente, sino el futuro, en la sociedad de riesgo significa que el pasado pierde la fuerza de significación para el presente. El caso de la crisis asiática y el cálculo de crecimiento y utilidad que pronosticaron (casi todos) para los últimos años del milenio, es uno de los mejores ejemplos para ilustrar la hegemonía del reino de la incertidumbre[55]. El reconocimiento de la incertidumbre y la perdida de significación de la tradición y del pasado no significa que haya desaparecido la historia, como indica la visión neoconservadora y en extremo optimista de Fukuyama, Vattimo[56] y otros pensadores postmodernos y menos aún que desaparezca el sujeto como sostiene Foucault, sino que da cuenta de un fenómeno tanto paradójico como de centralidad indiscutible: una de las propiedades de las sociedades de riesgo es que lo que se da en llamar residualidad calculable o "margen de error" se ha convertido en el motor del desarrollo sutil e imperceptible de situaciones imprevistas, por lo que el conocimiento del pasado debe ser relativizado y situado en el lugar que corresponde.

 

La sociedad de clases y la sociedad del riesgo se solapan y condicionan mutuamente. La distribución de los riesgos demuestra que éstos siguen el esquema de las clases, pero al revés: las riquezas se acumulan y distribuyen arriba, en la superficie de la sociedad - se leen en la estadísticas de distribución de ingresos, en los niveles de concentración del capital, en la especificación de los segmentos sociales hegemónicos, subalternos, etc. - y los riesgos se amontonan abajo, en el subterráneo de la sociedad. Esta afirmación no reviste sólo una connotación metafórica sino también real: Los adinerados viven obsesionados por contratar seguros contra los riesgos sociales, sueñan con comprarse la seguridad y la libertad respecto de los riesgos, por lo que pareciera que la sociedad de riesgo refuerza a la sociedad de clases. Aquí es necesario establecer una importante diferenciación: mientras que en las naciones industrializadas el estado de bienestar - al menos en parte y en las declaraciones programáticas - mitiga la agudización de los contrastes de clase mediante el llamado efecto de nivelación e interviene directamente en la lógica de distribución de los riesgos, en las naciones de capitalismo desregulado como las periféricas, prima una concentración de riesgos en los pobres, marginados y excluidos[57].

 

Respondiendo a la pregunta respecto del rol de los riegos en la modernidad globalizada, sería válida la siguiente fórmula: la miseria es jerárquica, el smog es democrático y la lógica de distribución de los riesgos asume una relación de interdependencia con la naturaleza de los mismos. Lo cierto es que los riesgos que se despliegan en los confines de su radio de acción y entre los afectados asumen un efecto uniformador, allí reside probablemente su fuerza política, y al mismo tiempo su debilidad en una sociedad de clases. En sentido estricto, por lo tanto, las sociedades de riesgo no son sociedades de clase, sino sociedades donde los riesgos desdibujan, recomponen y transforman las visiones de clase de los actores sociales, modifican la situación objetiva de los actores sociales y agregan contradicciones y paradojas al esquema convencional de clases. El problema es que los riesgos tienen una tendencia inminente a la globalización, los riesgos atraviesan las fronteras y se reproducen allí donde se ejecutan decisiones a favor de la modernización. En esta misma medida, es que los riesgos globalizados están dotados de un efecto bumerang: es cierto que la situación de quien genera (consciente, voluntaria e inconscientemente) riegos y obtiene beneficios con ellos es radicalmente diferente a la situación de quien es víctima de ellos sin haber sabido siquiera de su existencia, pero los riesgos afectan más temprano que tarde a quienes los producen, en el fondo, ni los ricos, ni los explotadores ni los contaminadores están asegurados contra ellos. Pero esta lógica no lineal, paradójica e inversa que siguen los riesgos, no solamente afecta a sus productores o a sus afectados, sino que también alcanza a las asimetrías entre las sociedades industrializadas y las sociedades de riesgo de la periferia.

 

Este efecto de colectivización en los efectos hace que se produzca una unificación híbrida entre víctima y victimario. Esto, sin embargo, es sólo valido para los riesgos globalizados como las guerras atómicas, el hoyo del ozono y el efecto invernadero, estos son riegos que no respetan pobres o ricos, sur y norte, negro y blanco. Con los riesgos delimitados y sectorialmente activos y particularizados a naciones, regiones, ciudades o ámbitos circunscritos a mundos de la vida sucede exactamente lo contrario: los riesgos exacerban los conflictos de clase agregando el temor, la alarma, el espanto, el asombro y la desconfianza a la pobreza y la miseria existentes. El efecto bumerang no debe remitirse, entonces, exclusivamente a la cuestión ecológica, sino que abarca también el tema de la subsistencia, de la remuneración, de la salud y de la legitimación de los sistemas políticos, lo que hace que el orden de jerarquía de los riesgos sea distinto según se trate de sociedades del capitalismo tardío o del capitalismo periférico. En realidad, no sólo la percepción de los riesgos, sino que lo que Alfred Schütz denominó los sistemas de relevancia[58] en medio de mundos de la vida cualitativamente diferentes, varían considerablemente según la sociedad de que se trate y en medio de sociedades periféricas de riesgo, según del grupo social de que se trate.

 

IV. Tres especies de peligros globalizados. Política y subpolítica en las sociedades de riesgo

 

Es posible distinguir entonces tres especies de peligros globales, que son los asistentes que nadie ha invitado a la fiesta de la globalización[59]. Los primeros, que pueden ser tipificados como destrucciones ecológicas condicionadas por la riqueza, son una consecuencia de los riesgos técnico-industriales (así como el hoyo del ozono, el efecto invernadero, las consecuencias de la genética y de la medicina de reproducción). Los segundos, son los riesgos derivados de armamentos destructivos de masas (como las armas ABC, el armamento nuclear, etc.). El tercer tipo de riesgos, que interesa aquí destacar porque se vincula irremediablemente con los primeros, se refiere a la destrucción ecológica y social condicionada por y vinculada a la pobreza y que es característica para la situación de los países del capitalismo periférico.

 

Entre los primeros y éstos últimos, es decir entre las destrucciones condicionadas por la riqueza y los riesgos de la pobreza, es necesario establecer una diferenciación fundamental: mientras las peligrosidades condicionadas por la riqueza resultan de la externalización de los costos de producción de la ejecución práctica de la globalización - como por ejemplo la volatilidad del capital y su movilidad para desplazar permanentemente sus lugares de producción -, en el caso de las destrucciones ecológicas condicionadas por la pobreza se trata de una verdadera autodestrucción de los países periféricos pobres con efectos secundarios y retardados para los ricos. Pero las destrucciones ecológicas condicionadas por los países ricos se distribuyen uniformemente en el globo, mientras que las destrucciones condicionadas por la pobreza de la periferia son visibles sectorialmente y se internacionalizan en forma de efectos adicionales a mediano plazo. De esta manera, el efecto bumerang se acelera respecto de los riesgos de la riqueza y se retarda respecto de los riesgos de la pobreza.

 

En tal sentido, no hace falta agregar que los ejemplos más relevantes de peligros derivados de "la pobreza" son no sólo la explotación indiscriminada de recursos forestales (como es el caso de los 17 millones de hectáreas de Amazonas), sino también la importación de desechos contaminantes (por ejemplo, radioactivos) o la transferencia de tecnologías anticuadas a los países de la periferia o, por ejemplo, la exportación de pesticidas que han sido prohibidos en los países industriales y que los mercados se encargan de comercializar allí donde no existan o no funcionen los mecanismos de restricción. Los países periféricos están inundados de productos dados de baja o de calidad segunda o tercera, provenientes de los países industrializados o previstos de marcas, que por no poderse comercializar allí, son derivados a la periferia. De este modo crecen y se desarrollan industrias en el capitalismo periférico que disponen de las posibilidades tecnológicas de amenazar el ambiente y la vida sin que dichos países cuenten con los medios institucionales, técnicos y políticos para impedir una posible, lenta pero segura autodestrucción[60]. A esto habría que añadir el riesgo social más relevante de las naciones periféricas modernas, que se desprende de la diferenciación guía del sistema social: la exclusión de vastas capas de la población del acceso a los sistemas funcionales. Esta masificación del riesgo de exclusión codetermina las formas específicas que asume la percepción y construcción de la amenaza de los riesgos y es determinante para la configuración de la identidad[61].

 

De la forma anteriormente descrita, muchas de las sociedades industrializadas no alcanzan a ser afectadas por los riesgos sectoriales existentes en los países pobres de la periferia. Pese a ello, los riesgos que ellos provocan traspasan las fronteras de los estados nacionales afectando además y acumulativamente a los países periféricos, y sobre todo a los que hacen del eje de su crecimiento económico, la explotación directa de sus recursos naturales, como es el caso de Chile.[62] Paradójicamente, lo que hoy constatamos no es algo necesariamente nuevo, lo reciente es que la intensificación de estos procesos de producción de riesgos de diversa índole, en el contexto de la globalización. No necesariamente porque dicha exacerbación sea exageradamente efectiva, sino también porque sabemos más de ella, como argumenta Luhmann. Esto, a su vez, no significa que los riesgos de la humanidad hayan sido siempre los mismos, sino que, para que ellos existan, deben transformarse de irritación en comunicación, de ruido en resonancia para poder ocupar los horizontes temáticos de las culturas e invadir las semánticas de los sistemas sociales.

 

Sin embargo, no solamente los riesgos internacionalizados y provenientes de los países ricos afectan a los países pobres, sino que éstos se convierten, como efecto de restricciones y prohibiciones (que afectan por ejemplo a pesticidas contaminantes o a los alimentos genéticamente manipulados) existentes en los países ricos, en el laboratorio de experimentación preferido de los científicos que se inscriben en las áreas de desarrollo científico-tecnológico perteneciente a la genética humana, a la genética técnico- alimenticia y a la producción de medicamentos: los países de la periferia no sólo se han convertido en el basural de residuos no reciclables, sino que también en el laboratorio de experimentación para lo que debido a restricciones en la investigación de la ciencia y la tecnología, no es posible de realizar allí[63]. De allí que sea posible hablar, por un lado, de una transferencia de riesgos "de contrabando" desde los países industrializados hacia los países periféricos, incluidos en las acciones de los estados tendientes a incentivar la transferencia tecnológica y, por otro lado de limitaciones impuestas por los propios estados industrializados a las importaciones de productos provenientes de los países pobres (por ejemplo, fungicidas y pesticidas), hecho que hace que, por ejemplo, la madera chilena tratada con pentaclorofenol deba comercializarse allí donde han caído o no existen dichas restricciones, como los países árabes y otros como Indonesia.

 

Así entonces, en el contexto de la segunda modernización, propia de la actividad ininterrumpida de los riesgos, los países del capitalismo periférico están en una situación de doble peligrosidad respecto de:

 

a) los riesgos "locales" que ellos mismos generan e intentan (o no) controlar y que por lo general no logran "controlar" y

 b) respecto de los riesgos internacionalizados e incontrolables generados por las naciones altamente industrializadas, todo esto en el marco de la dominación anónima garantizada por la irresponsabilidad organizada.

 

Los países periféricos son los perdedores de la globalización. Estamos en presencia de una espiral de la destrucción en la cual como consecuencia de la internacionalización, importación y mundialización de los riesgos, los contornos del estado nacional se desdibujan a pesar de que los modelos y patrones de percepción, los "mapas cognitivos" y las percepciones culturales subsisten aún activas legitimando, cuestionando, tematizando, descomponiendo o ignorando la irresponsabilidad organizada.

 

¿Como es posible romper la espiral del peligro protegida por la irresponsabilidad organizada? ¿Cual es la clave para salir de la jaula de la modernidad? ¿Cuales son las formas en la que se debe articular una "subpolítica" exitosa?

 

Los peligros son revoluciones cotidianas, y los grandes peligros son revoluciones sin sujeto: el sujeto potencial se ha protegido por los mecanismos de ocultamiento de la sociedad. Convencionalmente, las revoluciones trastocan las relaciones de producción y en particular las relaciones de propiedad; pero en este caso las relaciones de dominación permanecen constantes, se trata de una revolución de la sociedad contra sí misma, aquí el concepto de revolución que diseñó Marx con genialidad para la sociedad industrial, se pone de cabeza: no la clase para sí (con conciencia de clase) es la que actúa, sino que al revés: la acción transcurre ininterrumpidamente y es el peligro el que transforma al mundo y la conciencia va detrás de la acción - Günther Anders[64] ha dicho que la conciencia va un siglo atrás de los hechos. Este hecho tiene una significación elemental: la diferencia de un siglo entre hecho y conciencia significa que en la lógica de los peligros y en la revolución sin sujeto no hay nada que necesite ser legitimado - es decir, se legitiman de facto las visiones de un siglo atrás, mientras los hechos nos siguen sobrepasando. De tal manera que la verdadera revolución, la que sí tiene sujeto, consiste, paradójicamente, en la conciencia de la revolución autonomizada del peligro en medio de las turbulencias de la sociedad del riesgo, donde los efectos colaterales se han independizado de las decisiones a favor de la modernización de las sociedades. La verdadera revolución debe ser entonces la revolución que destruya relaciones anticuadas de reflexión y es, por lo tanto, una revolución de la conciencia. Esta es una transformación de la transformación, en la medida en que la hegemonía de los peligros de autodestrucción es el caso excepcional de identidad entre el sujeto y el objeto de la revolución[65].

 

En tal sentido, es obvio que lo que se entiende habitualmente por globalización, que no es otra cosa que el globalismo neoliberal que reduce la globalización[66] a la expansión caótica, anárquica e ilimitada de los mercados, al significar en la práctica la activación creciente de coaliciones de empresas transnacionales y/o la formulación de tratados internacionales, regionales y supranacionales (regionalización en medio de la globalización: Nafta y Mercosur o también la constitución de coalisiones al interior de organismos meramente retóricos como la Conferencia de Clima de las Naciones Unidas)[67], desde dichas instituciones y mecanismos sea difícil esperar iniciativas que tiendan a romper o poner fin a la espiral de peligros que la globalización de los riesgos transporta con decisiones que diariamente se toman en favor de la modernidad. Una posible alternativa a esta globalización desde arriba es lo que medios de comunicación europeos conservadores han dado en llamar "la Nueva Internacional": se trata de los 50.000 grupos existentes hoy en el planeta, desde ONGs hasta Greenpeace, Amnesty International o Terre des hommes, que Beck da en llamar la globalización desde abajo y cuyo éxito e importancia probablemente no resida tanto en su poder cuantitativo, sino en sus indiscutibles capacidades de escenificación simbólica, mass medial, televisiva y por lo tanto esencial en la sociedad mundial del riesgo en la cual irremediablemente y sin otra alternativa estamos insertos[68].

 

"El lugar político de la sociedad mundial del riesgo no es la calle, sino la televisión. Su sujeto político no es la clase obrera y su organización, no es el sindicato. En este punto aparece la escenificación massmedial de símbolos culturales, en la cual puede descargarse la mala conciencia acumulada de los actores y consumidores de las sociedades industriales"[69]. A lo cual se debiera agregar que el lugar político de la sociedad local del riesgo es cada uno de los lugares y situaciones donde patrones de percepción, símbolos, coaliciones discursivas y mapas cognitivos legitimadores de la irresponsabilidad organizada se hacen cómplice (consciente o inconscientemente) de que la espiral de la destrucción siga operando sin contrapeso.

 

Lo que la modernidad reflexiva necesita para extenderse y convertirse en subpolítica, en una política de la política que desenmascare a la revolución subrepticia de los efectos colaterales, no es ciertamente la legitimación de la política tradicional con sus partidos y sus instituciones añejas sino, como resultado de la creatividad desobediente (una verdadera contra modernidad del desacato), la articulación de movimientos amplios y transversales que se manifiesten a favor de la democratización de los derechos fundamentales, precisamente porque la naturaleza de la modernidad del riesgo gobernada por "alianzas para el progreso", cómplices de la "irresponsabilidad organizada" es violar, masacrar o sencillamente ignorar dichos derechos fundamentales. De allí entonces que la subpolítica sea una especie de contra-política, donde lo político (de antaño) se despolitiza y se conduce a espacios donde lo no-político pueda ser politizado. Esto ya está sucediendo en la práctica y que los ámbitos de la política institucional se deslocalicen para politizar las relaciones de género, las relaciones entre parejas y al interior de la familia, es en gran medida el mérito del movimiento feminista. Por otro lado, también en las ciencias sociales en particular la sociología ecológica feminista, ha puesto de manifiesto que la escenificación del poder en los ámbitos tradicionalmente definidos como "privados", desdibuja las relaciones entre los géneros[70].

 

De allí entonces que desde la privacidad y la familia hasta las instituciones, el trabajo, la política y la economía, la subpolítica concreta, positiva, acusadora y propositiva, apelando al derecho a la resistencia de los ciudadanos, debiera erosionar los fundamentos simbólicos de la sociedad del riesgo, haciendo del problema en torno al cual gira la política - en que sociedad queremos vivir - un tema fundamental de discusión. Por ello, la sociedad del riesgo abre la posibilidad para que a su interior emerjan los gérmenes de una "nueva civilidad" que sin desestimar la relevancia de las luchas por derechos de igualdad de oportunidades y justicia, extienda dichos derechos a la crítica y al hostigamiento de la "irresponsabilidad organizada" creando, engendrando antivenenos a las incertidumbres fabricadas que diariamente tenemos delante de nosotros.

 

Esta contramodernidad que transforme la política probablemente no encuentre sustento en las instituciones tradicionales de la modernidad simple (como los partidos políticos y sus estructuras organizaciones), sino que, al destradicionalizar a la política de la modernidad irreflexiva, abre paso al descubrimiento de lo político, al renacimiento del interés por una política que desemboca en la estabilización de la vida y que, por consiguiente, posee un carácter inmediato y práctico.

 

V.  Cuatro conclusiones provisorias. ¿Que significa vivir en una sociedad de riesgo de la periferia globalizada?

 

Existen dos modos fundamentales de acumular conclusiones relevantes respecto de lo anterior, en especial del fenómeno de la sociedad del riesgo como un plexo de exteriorización mundial y por lo tanto transnacional, pero también de relocalización específica en los países de la periferia. El primero de ellos se deriva del análisis estructural y consiste en concebir a la sociedades del riesgo como la resultante de estructuras que se desarrollan, sedimentan y estabilizan y donde los sujetos actores de uno y otro lado de la producción de riesgos terminan siendo especies de marionetas que bailan al compás de la globalización por arriba y que sufren o se benefician con la exteriorización, externalización y reproducción de los riesgos, sin poder modificar substancialmente su propio destino: este prisma es propio del análisis funcionalista, pero también del marxismo ortodoxo, y del economicismo que hace de la sociología una actividad de interpretación de datos secundarios cuidadosamente adornados con elementos voluntaristas y construidos en los laboratorios del pensamiento social[71].

 

El segundo camino sostiene que la sociedad del riesgo es efectivamente la resultante del desdoblamiento de efectos colaterales latentes que se acumulan como resultados de decisiones en pro de la modernización de las sociedades, pero también que el advenimiento de la sociedad del riesgo es la resultante del saber acerca de ella en la era de la globalización: esta visión es precisamente la que sostiene que la situación actual de los países periféricos no es un karma sino una posibilidad de abrir relaciones sociales y ponerlas en movimiento por medio de una redefinición, de un redescubrimiento de lo político, que antes de existir en las cabezas de los sociólogos, es una construcción práctica de los actores sociales; lo cual evidentemente significa situar a los sujetos sociales en el centro de la actividad de la política antes que a las estructuras en su lugar, porque al fin de cuentas son ellos los que las modelan, legitiman y transforman; este no es sólo el punto de vista de la teoría de la sociedad del riesgos revisada y menos estructural, sino también el punto de vista del interaccionismo simbólico de la etnometodología[72]. De allí que entre estas disciplinas y la teoría de la llamada modernización reflexiva (tal como la ha desarrollado Giddens)[73] exista un parentesco evidente. Por eso es que la pregunta que habría que formular debiera ser: ¿qué significa vivir en la periferia globalizada hoy?

 

Primero, la vida en los países de la periferia globalizada se caracteriza porque, tal como en el resto del mundo, los espacios cerrados han desaparecido definitivamente[74]. Este es un proceso no sólo altamente ambivalente sino que también contradictorio y localizado[75]. En efecto, por un lado, desde la caída de las limitaciones proteccionistas, los países de la periferia se han visto inundados de productos comercializados en la periferia, pero provenientes de empresas y consorcios multinacionales (Sony, Microsoft y McDonald's y otras son el ejemplo); este fenómeno que podría denominarse apertura desde afuera, confronta efectivamente a los sujetos sociales con posibilidades insospechadas de consumo, al que sin embargo sólo tienen acceso los sectores de ingresos elevados y los que pueden alcanzar al crédito, cuyo presupuesto es que se cuente con un trabajo estable - los que no lo tienen permanecen excluidos - con ello, se desmorona la mentada teoría de la homogeneización de los patrones de consumo, también conocida como la macdonalización de la sociedad[76]. Una situación similar sucede con el acceso a los medios de comunicación e información y a la posibilidad de viajes al exterior y en especial a los viajes de turismo[77]: las posibilidades existen, pero su ejecución práctica depende de mecanismos preexistentes de inclusión y exclusión, lo que viene a significar que el fin de los espacios cerrados es unilateral y significa una profundización y extensión de la exclusión. Desde el punto de vista de la periferia, a la apertura desde afuera no corresponde una apertura desde dentro: mientras que los "incluidos" viajan por el mundo y consumen prácticamente al nivel de los países desarrollados (con sus limitaciones), los excluidos permanecen atados y anclados a lo local: el desanclaje de lo local se ejecuta por la vía del simulacro, por el camino de la construcción de realidades trascendentales con el auxilio de los medios de comunicación: muchas veces incluso el desanclaje es únicamente la temporalización de la ilusión transclase, que por ejemplo se manifiesta en que se sustituye el paseo dominical a la plaza pública por la ejecución óptica de la inclusión[78], por el paseo por el mall. Esto significa que la consecuencia de la apertura de los espacios sea un fenómeno que no alcanza a los pobres y los excluidos. Contradictoriamente, la exclusión significa simultáneamente anhelo de inclusión, por lo que la pugna de los excluidos no es el deseo de transformación sino que su inclusión a las condiciones de vida que no poseen. El conflicto inclusión - exclusión en la actualidad desplaza al conflicto derecha - izquierda, no solamente en la medida en que la política convencional de las instituciones de la primera modernidad ha perdido su centralidad y ha sido sobrepasada por el extraparlamentarismo de la subpolítica desde arriba, sino porque ni en la derecha ni en la izquierda existe una conciencia clara de este desplazamiento.

 

Segundo, la vida en la periferia capitalista globalizada, como un resultado directo del cálculo extraparlamentario de las localizaciones de inversión, producción y tributación - las que hoy son posibles de diferenciar estructuralmente como se quiera - sumado a la hegemonía del capital bursátil, el depredador más brutal de puestos de empleo[79], ha hecho que los ricos ya no necesiten a los pobres y que el ejército industrial de reserva se haya transformado en la actualidad en una masa de sobrantes, los que incrementan la existencia del empleo precario. Si en los países industrializados y dotados de un estado de bienestar incorporan ficticiamente a los desempleados a la mercantilización de la sociedad[80], los marginados del empleo en la periferia se incorporan solos, individuados, haciendo del trabajo temporal, del trabajo estacional, del trabajo de subcontratación, del trabajo a domicilio y del trabajo clandestino, la forma forzosa de subsistencia[81]. Además, el trabajo precario va acompañado de un aumento significativo en la jornada de trabajo, precisamente al revés de la realidad de los países desarrollados, donde tiende significativamente a disminuir. Una vez más, debemos constatar la existencia de realidades contradictorias y asimétricas que significan que la configuración de las sociedades de riesgo en los países de la periferia, sin bien obedece a una lógica común a la de los países capitalistas desarrollados, arroja consecuencias altamente dispares para los actores sociales. Frente a esta realidad, la sociología continúa alimentando la existencia de los referentes colectivos de la primera modernidad, mientras los sujetos sociales se ven obligados a configurar en medio de los riesgos de la segunda modernidad, sus propias identidades.

 

Tercero, el debilitamiento crónico de la acción de reglamentación a los daños ambientales en los países de la periferia, hecho que equivocadamente se le atribuye al subdesarrollo de una conciencia ecológica en los países periféricos y que en realidad es un componente de la ideología neoliberal ciega en su estrategia de expansión de mercados, ha traído consigo también dos consecuencias paradójicas: (a) por un lado, como resultado de la presión de un puñado de países desarrollados, en particular de la Unión Europea, los estados de la periferia han suscrito acuerdos multilaterales donde se comprometen a aplicar estrategias de sustentabilidad a los bosques, a las riquezas marinas y a los recursos naturales en general, (b), pero por otro lado, ni los estados poseen la estructura organizacional de control que permita su aplicación en la práctica de dichos acuerdos, ni en los modelos económicos inspirados en el neoliberalismo puede existir la voluntad política para aplicarlos y hacerlos realidad. Entonces, el argumento de la rentabilidad se amalgama al argumento de la generación, conservación y estabilización de puestos de empleo para eludir dichas reglamentaciones o declararlas una cuestión de soberanía nacional, de competencia territorial o sencillamente jurídica. Esto hace que la localización de los proyectos de desarrollo y modernización coincida como por arte de magia con los lugares de residencia de los pobres, de los excluidos o de las capas de bajos ingresos pero que además se materialice la alianza entre inclusión y rentabilidad: los sindicatos y los empresarios se unen en la búsqueda del progreso y luchan juntos para que los proyectos se realicen. Si embargo, esto no es siempre así, sino que en ocasiones es aún peor: el propio estado - que según la ideología neoliberal deber ser un aparato institucional no productor - desde el subterráneo de las reminiscencias del estado interventor y productor, se convierte en el destructor número uno de la salud de la población, como es el caso de la modernización de los métodos de extracción de cobre mediante arsénico[82], o llegando a ser el productor número uno de dioxinas contaminantes. Lo que persiste a estos mapas cognitivos convergentes - a los que subyacen estas coaliciones discursivas transnacionales[83] que pugnan por imponer la política del "más de lo mismo" - que hacen dudar de la universalidad de la lucha de clases, es que el lugar de residencia, donde las familias modelan su tiempo libre y configuran lo que los conservadores llaman "la célula de la sociedad", se plaga de inseguridades manufacturadas y el domicilio sea un lugar donde se decide, sin que nadie nos pregunte, a que tipo de enfermedades crónicas me expongo y de que manera, además de ser excluido y pobre, puede estar además potencialmente enfermo.

 

Cuarto, existe hoy consenso en que la nueva sensibilidad que desata y legitima la segunda modernidad, peculiar y aún más capitalista que la primera de la sociedad industrial de clases, también haya dejado atrás a la solidaridad de clase, esto en la misma medida en que las visiones comunes y hasta los mismos conflictos de clase han asumido un carácter distinto: no vale la pena sollozar por el desmoronamiento del muro de Berlín y tampoco sirven de mucho las visiones de confabulación que quieren reeditar una teoría del imperialismo tan añeja como inservible: los socialistas de finales del siglo XX han llegado a hablar de la necesidad de un socialismo de mercado, reeditando la versión "centrista" de la socialdemocracia de después del Programa de Godesberg. Esta nueva sensibilidad es la del individuo, del sujeto interesado en modelar su propia existencia, no porque quiera sino porque debe, faena en la cual por lo general se encuentra solo. Contrariamente a lo que muchos piensan, la individuación y la individualización pueden ser una gran oportunidad para redefinir el rol de la política: "la integración social no se realiza más a través de la participación de todos en valores y reglas institucionales comunes, sino más bien de manera opuesta, a través de la individualización de cada actor social y de su capacidad de combinar sus fines culturales y personales con los medios instrumentales de la sociedad de masas"[84]. En tal sentido, llama poderosamente la atención que entre las locuras de la segunda modernidad, los roles se hayan invertido de tal manera que la izquierda que verbalmente asume los derechos de los trabajadores dedique tantos esfuerzos y papel para lamentarse sobre el desmoronamiento de los valores de la solidaridad y la comunidad perdida[85], mientras que los conservadores asuman el rol del católico que se confiesa periódicamente para poder seguir cometiendo los mismos pecados. La gran contradicción del conservadurismo es que debe quemar lo que ayer adoró, pero también y al mismo tiempo adorar siempre lo que quema. Y la antinomia que enfrentan las izquierdas en la sociedad del riesgo, es que no acepta la facticidad de lo que ya no existe. Tanto el conservadurismo como en progresismo han sido sobrepasados por la inclemencia de los hechos.

 

En síntesis, si la globalización significa la expansión casi indeterminada del espacio para los "incluidos", para los excluidos significa contracción de los espacios locales y segregación. Si la globalización significa estabilidad en el tiempo y proyección temporal para los "incluidos", para los excluidos significa incongruencia temporal y deslindamiento del futuro. Por último, si la globalización trae consigo una insospechada densidad en las redes transnacionales y un torrente de imágenes[86] para los "incluidos", los excluidos experimentan una verdadera aniquilación respecto de las posibilidades anteriores. 

 

Tal como una reedición de las viejas instituciones agotadas y obsoletas resulta hoy inservible, así también una retórica de las utopías que no son sino nostalgias y sueños, reedita el pasado en el presente: un caso fatal. La subpolítica que enfrente al globalismo extraparlamentario no atraviesa por vilipendiar a la democracia, y menos aún por desecharla, sino por radicalizarla y convertirla en una organización social y en un método cualitativamente distinto. Esto atraviesa por cambiar las fuentes de inspiración, por ejemplo de Locke a Kant, quien en su opúsculo "La paz perpetua"[87]señala que lo distintivo de la democracia no es el juego de mayorías y minorías, sino el respeto a la diversidad - así por lo menos en su utopía. Esto significa una radicalización y no un rechazo a la democracia. La democracia debe servir para la protección de la vida, por ejemplo, en cada uno de los cuatro ámbitos de operación de los riesgos que me he empañado en diseñar más arriba: combatiendo el riesgo de la exclusión, combatiendo el riesgo del trabajo, poniendo fin al riesgo de la residencia en la peligrosidad.

 

 

Notas


[1] Ver Ianni, Octavio (1998): Teorías de la Globalización, Siglo XXI, México, pág. 74 y sig.

[2] Ver: Reiner Wolf: Sozialer Wandel und Umweltschutz. Ein Typologienversuch, en: Sozialer Welt, 43, 1992, pág. 351-376; R. Bogun, M. Osterland y G. Warsewa: Arbeit im Risikobewusstsein von Insustriearbeitern, en: Sozialer Welt, Cuaderno 2, 43, 1993, pág. 237-245

[3] Por ejemplo las siguientes Memorias de Titulación: Manuel Echanove: "Percepción ciudadana de impactos socio ambientales: un estudio de caso en la localidad de Puchuncaví" y Claudia Roa: "Participación reflexiva. Una consecuencia de la sociedad de riesgo", Departamento de Sociología, Universidad de Concepción, 1998.

[4] Menos aún desde las duras críticas que a Beck se le han formulado desde posturas como las de Claus Offe y otros por su participación en la llamada "Comisión Miegel para Cuestiones del Futuro". Ver Clauss Offe y Susanne Fuchs: Wie schöpferisch ist die Zerstörung? En: Blätter für deutsche und internationale Politik, Bonn, 3, 98, pág. 295-300. Además: Kommision für Zukunftsfragen, Zweiter Bericht, Bonn.

[5] A. Nassehi: Risikogesellschaft, en: Kneer/Nassehi/Schroer: Soziologische Gesellschaftsbegriffe, Fink, München, 1997, pág. 254

[6] N. Luhmann: Sociología del riesgo, UIA, Universidad de Guadalajara, México, 1992.

[7] U. Beck: Zur politischen Dynamik von Risikokonflikten, manuscrito inédito, München, 1999.

[8] M. Douglas y A. Wildavsky: Risiko und Kultur, en: W. Krohn/G. Krücken: Riskante Technologien: Reflexion und Regulation. Einführung in die wissenschaftliche Risikoforschung, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993, pág. 113-137

[9] N. Luhmann: Sociología del riesgo, UIA, Universidad de Guadalajara, México, 1992

[10] Max Weber: Sociología de la religión, Istmo, Madrid, 1997, pág. 317

[11] Ver Momsen, W. (1974): Max Weber. Suhrkamp, Frankfurt a.M

[12] Max Weber: Ensayos sobre metodología sociológica, Amorrortu, B.A., 1993, pág. 176

[13] Max Weber: Economía y Sociedad, FCE. México, 1964, pág. 21

[14] Karl Marx y Friedrich Engels: El Manifiesto Comunista, Anteo, B.A., 1997, pág. 41

[15] Karl Marx y Friedrich Engels, op. cit., pág. 40

[16] Karl Marx y Friedrich Engels, op. cit., pág. 38

[17] Idem.

[18] Marshall Berman: Todo lo sólido se desvanece en el aire, S. XXI, México, 1988, pág. 90

[19] Ver C. Legget y otros: El Informe de Greenpeace sobre el calentamiento del planeta, FCE; México, 1996.

[20] Ver Telepolis Aktuell, Hamburg, 3.10.98

[21] Idem, pág. 1

[22] Jürgen Habermas: El discurso filosófico de la modernidad, Taurus, Madrid, 1998, pág. 12-13

[23] Una de las pocas excepciones a esta constante en la teoría sociológica es el trabajo de Robert Merton: Die unvorhergesehenen Folgen zielgerichteter sozialer Handlung, en: Hans P. Dreizel: Sozialer Wandel, Luchterhand, Berlin, pág. 169-183

[24] U. Beck: la reinvención de la política: hacia una teoría de la modernización reflexiva, en: Beck, Giddens, Lash: Modernización reflexiva, Alianza, Madrid, 1997

[25] Luhmann distingue entre riesgo y peligro: "esta distinción supone (y así se diferencia precisamente de otras distinciones) que hay una inseguridad en relación a daños futuros. Puede considerarse que el posible daño es una consecuencia de la decisión, y entonces hablamos de riesgo y, más precisamente, del riesgo de la decisión. O bien se juzga que el posible daño es provocado externamente, es decir, se le atribuye al medio ambiente; y en este caso hablamos de peligro" (N. Luhmann: Sociología del riesgo, Universidad de Guadalajara, México, 1992, pág. 65). La distinción de Luhmann sólo puede sostenerse si la sociedad es concebida, desde la perspectiva del constructivismo, como observación (de segundo orden en el caso de la sociología), por lo que en su contexto no se puede describir cómo los posibles daños atribuidos al ambiente, en realidad puedan ser daños que la sociedad y los grupos e intereses provocan y ejecutan generando la "ilusión trascendental" de externalización. Por ello también es que Luhmann acusa a la teoría de la sociedad del riesgo de "alarmar a la sociedad" (Luhmann, op.cit., pág. 47) pero precisamente desde la distinción de los riesgos externos y decisionales sostiene la distinción entre riesgo y peligro.

[26] Niklas Luhmannn señala que la función de auto-observación de los sistemas sociales corre, crecientemente, por cuenta de los Medios de Comunicación, quienes aparecen como los encargados de la función de dotación de realidad y sentido a la vida social. Ver Luhmann, N. (1986): Ökologische Kommunikation, Westdeutsche Verlag, Opladen; Luhmann; N. (1996a): Poder, Anthropos, Barcelona; Luhmann, N. (1996b): Die Realität der Massenmedien, Westdeutsche Verlag, Opladen

[27] Ver Hans Jonas: El principio de responsabilidad. Ensayo sobre ética para la civilización tecnológica, Herder, Madrid, 1995

[28] N. Luhmann: Ökologische Kommunikation, Westdeutscher Verlag, Wiesbaden, 1986

[29] Giddens, A. (1997): Modernidad e identidad del Yo. El Yo y la sociedad en la época contemporánea, Península, Barcelona, pág. 265 y sig.

[30] N. Luhmann (1986): Ökologische Kommunikation, Westdeutsche Verlag, Wiesbaden, pág. 68 y sig.

[31] Giddens, A. (1993): Consecuencias de la modernidad, Alianza, Madrid. Giddens, A. (1996): Más allá de la izquierda y la derecha. El futuro de las políticas radicales, Cátedra, Barcelona.

[32]Estos riesgos de segundo orden que son la resultante de los esfuerzos por controlar y hacer calculables a los riesgos que ya han explotado, aunque no conforman el tema de este trabajo, son posibles de ilustrar, por ejemplo, en los Sistemas de Permisos de Emisión Transable (SPET) existente en Chile desde la promulgación de la Ley 19.300, destinada a la protección del Medio Ambiente: "Cada permiso faculta a su portador para emitir contaminantes. Normalmente, una fuente emisora dispondría de varios de estos permisos... Estos permisos de emisión son negociables y transferibles y pueden ser comprados y/o vendidos..." Claude, M. (1997): Una vez más la miseria. ¿Es Chile un país sustentable?, Santiago, de tal manera que establecen un derecho de propiedad para emitir contaminantes, estipulado expresamente en la Ley 19.300.

[33] Beck, U.(1988): Gegengifte. Die organisierte Unverantwortlichkeit, Frankfurt. A.Main

[34] Ewald,F.(1991): Die Versicherungs-Gesellschaft en: Beck,U:(1991): (ed.) Politik in der Risikogesellchaft, Frankfurt a.M. pág. 288-302

[35] Tabla diseñada tomando como base la de Beck :Gegengifte. Die organisierte Unverantwortlichkeit, Suhrkamp, Frankfurt a.M. pág. 121-122, pero sensiblemente modificada.

[36] N. Luhmann (1998): Observaciones de la modernidad, Paidós, Barcelona.

[37] Beck,U.(1996): Weltrisikogesellschaft, Weltöffentlichkeit und globale Subpolitik en: Dieckmann, Andreas y Jaeger, Carlo: Umweltsoziologie, Opladen, 1996, p. 119-147 y Beck, U.: Die Eröffnung des Weltshorizontes: Zur Soziologie der Globalisierung. Herausgeber-Mitteilung, en Sozialer Welt, 48, 1997, pág. 3-15. Ver David Held: La democracia en el orden global. Del estado moderno al gobierno cosmopolita, Paidos, Barcelona, 1997

[38] Alain Touraine: ¿Podremos vivir juntos?, FCE, Buenos Aires, 1997, pág. 139 y sig. También A. Touraine: El concepto de desarrollo "revisited", en: Emir Sader (ed.): Democracia sin exclusiones ni excluidos, Nueva Sociedad, Caracas, pág. 47-70

[39] "El fin de un Mito. Los que no votaron, no protestaron", El Mercurio, 1 de febrero de 1998, D8

[40] Jürgen Habermas: Die postnationale Konstellation, Suhrkamp, 1998, es especial pág, 243 y sig.

[41] U. Beck: La teoría de la sociedad del riesgo reformulada, en Polis, 97, Universidad Autónoma Matropolitana, México, pág. 171-197

[42] Foucault, M. (1998): Un diálogo sobre el poder, Altaya, Barcelona; Adorno T. y Horkheimer, M. (1996): Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid

[43] Luhmann,N.(1991): Ökologische Kommunikation, Opladen; Luhmann,N.(1991): Soziologie des Risikos, Berlin

[44] Quien asuma el rol de auto-observador mass medial es también algo aparentemente fuera de toda lógica, sobre todo porque la escenificación mass medial no está interesada en la difusión de la verdad (como debiera ser el caso de la ciencia) sino en la descripción de lo nuevo. Ver  Luhmann, N. (1996b): Die Realität der Massenmedien, Westdeutsche Verlag, Opladen

[45] F. Robles: Violencia, riesgo y desarrollo científico, en: Sociedad Hoy. Revista de Ciencias Sociales, 2-3, 1999, pág. 191 y sig.

[46] Beck, U. (1998): La teoría de la sociedad del riesgo reformulada (traducción e introducción de Fernando Robles), en: Revista Chilena de Temas Sociológicos, 5, Noviembre de 1998.

[47] Luhmann,N.(1997): Die Gesellschaft der Gesellschaft (dos tomos), Frankfurt,a.M.

[48] "Der Spiegel", Hamburg, 12.10.98. El FMI y su presidente Michel Camdessus prevén un 5% de crecimiento en las economías asiáticas. Hoy, a fines de 1998, han desaparecido más de 20 billones de dólares en acciones de capital sólo en los E.U., miles de empresas han dejando de existir, millones de trabajadores en Asia y América Latina han perdido sus puestos de empleo, el paraíso que habían diagnosticado los economistas se ha convertido en un infierno, desde que a mediados de 1997 comenzara el debacle de la economía tailandesa. Los riesgos de la economía mundial convierte a la los economistas en charlatanes. El drama comenzó en Mayo de 1997, cuando un puñado de expertos decidió atrincherarse en un edificio en las afueras de Bangkok para defender la moneda nacional, el Bath, amenazada por especuladores todopoderosos en las metrópolis del mundo que se habían propuesto convertir al Bath en basura. En Julio de 1997, la guerra estaba perdida, el Bath, acoplado hasta entonces al dólar, debió ser liberado. Balanza: en esta lucha de clases del tercer milenio donde las armas son las computadoras, los funcionarios del estado tailandés habían perdido 20 mil millones de dólares de la reserva nacional. El efecto dominó que se produce después es conocido: Corea del Sur, Singapur, Japón y todo el mundo globalizado. Somos testigos de la globalización de la irresponsabilidad organizada, una de las formas más repugnantes de la tiranía, donde resulta imposible identificar y responsabilizar a los causantes y a los que en última instancia se benefician con la crisis.

[49] K. Marx y F. Engels: Die deutsche Ideologie, en MEW, Tomo 3, Berlin, pág. 9 y sig.

[50] F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Madrid, 1996

[51] K. Ohmae: El fin del estado-nación, Andrés Bello, Barcelona, 1997

[52] F.H. Cardoso: Consecuencias sociales de la globalización, en Política, 34, 1996, pág. 5

[53] Yahoo Noticias, 17.10.98

[54] J. Veraza: Praxis y dialéctica de la naturaleza en la postmodernidad, Itaca, México, 1997

[55] Los sociólogos debiéramos comenzar a releer a John Dewey y a los pragmatistas, a mi entender una de las pocas filosofías que reconoce y valora el carácter directriz de la ambivalencia y la relatividad del conocimiento científico. Dewey, J. (1952): La busca de la certeza, FCE, Mexico; Dewey, J. (1987): Liberalism and social action, en Dewey, John: The Later Works 1925-1953, Illinois.

[56] Vattimo, G. (1990): Posmodernidad: ¿una sociedad transparente? En: Vattimo y otros (1990): En torno a la posmodernidad, Anthropos, Barcelona, pág. 9-21

[57] Un ejemplo de esta situación es visible en la cartografía de la pobreza si la superponemos a la cartografía del diseño urbano de la metrópolis contemporáneas: (a) Por lo general, el mapa de riesgos y de pobreza de las ciudades como Munich o Hamburgo no coincide con sectores residenciales específicos sino que su distribución espacial es relativamente uniforme, mientras que en Santiago y Buenos Aires, el mapa de la ciudad arroja datos indiscutibles de zonas residenciales baratas para grupos de población con ingresos bajos que se encuentran cerca de los centros de producción industrial las que están dañadas permanentemente por diversas substancias nocivas que hay en el aire, en agua y el suelo. Es decir, el mapa de la pobreza y de los riesgos coinciden casi exactamente: la pobreza, los riesgos y la geografía urbana son coincidentes (b) Las posibilidades para protegerse de los riesgos y para enfrentarlos o compensarlos, están repartidas desigualmente por capas de ingreso y educación: el que dispone del colchón financiero se puede mudar de residencia para tratar de evitarlos, algo similar sucede con la alimentación, una remuneración adecuada abre las posibilidades de alimentarse sin conservantes, ingerir proteínas o carbohidratos regulados contra daños en el aparato digestivo, pobres en colesterol, etc y evitar alimentos con un alto contenido de plomo, o sobrecargados de sustancias tóxicas como la carne de cerdo y el té. La alimentación de los pobres es uno de los riesgos más notables, lo que caracteriza, la extrema peligrosidad a la que están expuestos. Por lo menos el lugar de residencia, la alimentación, la salud y la educación son ámbitos de la vida social donde los riesgos operan con mayor injerencia y claridad.

[58] Schütz, A. (1971): Das Problem der Relevanz, Suhrkamp, Frankfurt a.M.

[59] Beck,U.(1996): Weltrisikogesellschaft, Weltöffentlichkeit und globale Subpolitik en: Dieckmann, Andreas y Jaeger, Carlo: Umweltsoziologie, Opladen, 1996, p. 119-147

[60]Anthony Giddens (1996): Más allá de la izquierda y la derecha. El futuro de las políticas radicales, Madrid, pág.104-105, indica que "ha quedado patente que no siempre es la falta de desarrollo económico lo que provoca el empobrecimiento sino que, en ocasiones, el propio "desarrollo". Un modo de vida que puede haber sido modesto, en términos económicos, pero que era autosuficiente y se organizaba a través de la tradición local, se desintegra cuando se introduce un proyecto de desarrollo, como una presa, una plantación o una fabrica". La idea de Giddens induce la siguiente reflexión: en la sociedad del riesgo, se impone a menudo la abstención como forma elemental de actividad: esto significa poder decir no a la construcción de centrales hidroeléctricas que inundan kilómetros de bosque nativo, donde además se encuentran cementerios indígenas; no a la depredación de los recursos - aún cuando todo esto signifique renunciar a la generación de puestos de empleo. Ver Hans Jonas: El principio de responsabilidad, Herder, Madrid, 1995, pág. 32 y sig. También Douglas, M.(1996): La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales, Paidos, Barcelona

[61] F. Robles (1999): Inclusión y exclusión en sociedades de riesgo. El caso de las Mujeres Jefas de Hogar en Chile, en: F. Robles (1999): Los sujetos y la cotidianeidad, Dirección de Docencia UDEC

[62] En efecto, del volumen de la exportaciones chilenas, sólo el 13% se compone de productos industriales, mientras que el 51% corresponde a recursos naturales no procesados y el 34% a recursos naturales procesados, Los sectores económicos con un crecimiento anual mas elevado son: forestal (19,3%) y pesquero (17,9%) . (El Mercurio, 23.2.96, A 16)

[63] Ver F. Robles (1999), op.cit.

[64] Anders, G. (1980): Die Antiquiertheit des Menschen. Über die Zerstörung des Lebens im Zeitalter der dritten industriellen Revolution, München.

[65] Beck, U.(1988): Gegengifte. Die organisierte Unverantwortlichkeit, Frankfurt a.M.

[66] Beck, Ulrich (1997): Was ist Globabisierung? Irrtümer des Globalismus - Antworten auf Globalisierung, Suhrkamp, Frankfurt a.M.

[67] Precisamente el rotundo fracaso de la continuación de la Conferencia de Rio de Janeiro (1992) en Junio de 1997, pone de manifiesto que el principal productor de CO2, los Estados Unidos con un 22% de la producción mundial, no está dispuesto a ceder en lo que a medidas restrictivas respecta (Cf. La Epoca, 25.6.97, p.3). La retórica del ambientalismo carcome la práctica de la protección del clima en el planeta (Cf. Legget, 1996). Ver Julie Fischer: El camino desde Río. El desarrollo sustentable y el movimiento no gubernamental en el Tercer Mundo, FCE, México, 1998

[68] En este mismo sentido, pero desde perspectivas diferentes, Luhmann recuerda que situaciones de peligrosidad ecológica sólo en los niveles químicos, físicos o biológicos no poseen de por sí resonancia social, mientras no exista comunicación respecto de ellos: "el medio ambiente puede hacerse notar solo por medio de irritaciones o distorsiones en la comunicación, y éste debe entonces reaccionar sobre si mismo; así como también el propio cuerpo no se puede comunicarse con la conciencia mediante los canales de la conciencia, sino solamente mediante irritaciones, sensaciones de presión o recargo, dolores, etc., entonces de un modo capáz de generar resonancia para la conciencia" Luhmann, N. (1986): Ökologische Kommunikation, Westdeutsche Verlag, Opladen, pág. 63.

[69] Beck,U.(1996): Weltrisikogesellschaft, Weltöffentlichkeit und globale Subpolitik en: Dieckmann, Andreas y Jaeger, Carlo: Umweltsoziologie, Opladen, 1996, p. 119

[70] Donna Haraway: Simians, Cyborgs and Woman: The reinvention of Nature, London, Free Assotiation Books, 1991; Judith Plant: Healing the Wounds: The Premise of Ecofeminism, Philadelphia, Green Print, 1989; Margit Eichler: "Umwelt" als soziologisches Problem, Das Argument, 205, 1994, pág. 359-376

[71] Ver la crítica de la sociología en América Latina que desarrolla Jaime Osorio: Las dos caras del espejo, Triana, México, 1995, pág. 121 y sig. También, Francisco Zapata: ¿Ideólogos, sociólogos, políticos? Acerca del análisis sociológico de los procesos sociales y políticos en América Latina, en: Foro Internacional, Vol XXXV, Julio-Septiembre, 1995, N. 3, pág. 309-328

[72] Blumer, H. (1982): Interaccionismo Simbólico, Hora, Barcelona; Garfilkel, H. (1967): Studies in ethnomethodology, Englewood Cliffs.

[73] Giddens, A. (1997): Modernidad e identidad del Yo. El Yo y la sociedad en la época contemporánea, Península Barcelona; Giddens, A. (1997): Vivir en una sociedad postindustrial, en: Beck, Giddens y Lash (1997): Modernización Reflexiva. Política, Tradición y estética en el orden social moderno, Alianza, Madrid, pág. 75-136

[74] Lash, Scott y Urry, John (1998): Economías de signos y espacios. Sobre el capitalismo de la posorganización, Amorrortu, Buenos Aires

[75] J. Rosenau(1990): Turbulence in World Politics, Free Press, N.Y., ; L. Pries: Transnationale Räume, en: Zeitschrift für Soziologie, 25, 1996, pág. 456-472

[76] Wallerstein, E. (1988): One World, Many Worlds, Lynne Reiner, N.Y.

[77] Scott Lash y John Urry han comentado magistralmente la importancia de estos elementos de movilidad turística que son el correlato de la globalización: "no es emblemático de la modernidad el que vagabundea a pie; son emblemáticos el pasajero de un tren, el conductor de un automóvil y el que se embarca en un avión" Lash, Scott y Urry, John (1998) : Economías de signos y espacios. Sobre el capitalismo de la posorganización, Amorrortu, Buenos Aires, pág. 339.

[78] Moulian, T. (1996): Chile Actual. Anatomía de un mito, Lom, Arcis. También: G. Schulze: Die Erlebnis-Gesellschaft, Campus, Frankfurt a.M., 1993

[79] Beck, Ulrich (1997): Was ist Globabisierung? Irrtümer des Globalismus - Antworten auf Globalisierung, Suhrkamp, Frankfurt a.M.

[80] Claus Offe: Contradicciones en el estado de bienestar, Alianza y Ed. Patria, México, 1990, pág. 105 y sig.

[81] El aumento del empleo precario, por el cual los empresarios no imponen seguros que les signifiquen gastos sociales adicionales, abre una oportunidad insospechada para la generación de capitales ilegales, no declarados, los que por lo tanto no son tampoco tributados al estado: de impotente, el estado de las sociedades periféricas está claramente amenazado de convertirse en raquítico.

[82] Robles, F. (1997): El despertar de la sociedad del riesgo. Consideraciones heterodoxas acerca del advenimiento de una segunda modernidad, en Sociedad Hoy, Vol. 1, Nº 1, Concepción, pág. 29-63

[83] Hajer, M.(1996): The Politics of Inveronmental Discourse. Ecological Modernization and the Policy Process, Clarendon, Oxford

[84] A. Touraine: El concepto de desarrollo "revisited", en: Emir Sader (ed.): Democracia sin exclusiones ni excluidos, Nueva Sociedad, Caracas, pág.59

[85] Bengoa, J. (1996): La comunidad perdida. Ensayos sobre identidad y cultura: los desafíos de la modernización en Chile, Sur, Santiago

[86] Sartori, G. (1998): La sociedad teledirigida, Taurus; Schulze, G. (1992): Die Erlebnisgesellschaft, Campus, Frankfurt a.M.

[87] Kant, I. (1966): La paz perpetua, Aguilar, Madrid